Ciudad Revista digital

Telefonos: 4395090 - 2615335516 - 2616598509 | Emails info@revistaciudad.com.ar - ventas@revistaciudad.com.ar - diseño@revistaciudad.com.ar

El tiempo - Tutiempo.net

Una bandera de vida

Manuel Belgrano y la celeste y blanca - Venceremos

El 20 de junio de cada año se celebra desde 1938, el Día de la Bandera,  en conmemoración del fallecimiento de su creador, Manuel Belgrano. La figura de este verdadero prócer quedaría de algún modo eclipsada en la magnificencia de nuestra insignia patria y en el amor que sentimos por ella, dejando de lado una vida de ejemplo de honradez, trabajo, humildad, sacrificio, brillantez, justicia y nobleza en la más pura dignidad, parecen muchos, pero en realidad son pocos los adjetivos que puedan emplearse para describirlo. Por ello no encontramos mejor  manera de rendir homenaje a nuestro mayor símbolo patrio, que recordando al hombre que no teniendo un día propio en el calendario oficial,  hizo de la bandera argentina su bandera de vida.

Manuel Belgrano fue mucho más que el creador de la bandera. Todos los argentinos conocemos un poco más o un poco menos su historia, nos lo han contado en reiteradas oportunidades en la escuela, desde que éramos niños: cuando nació, cuando murió, su participación en la milicia, sus campañas en el ejército, sus derrotas, sus victorias; fechas y hechos que generalmente cuando crecemos quedan en el olvido. Sin embargo, nadie reparó a lo largo de nuestra educación en detallar sus más lúcidos pensamientos, los que lo hicieron ser quien fue y actuar de la manera qué actuó, éstos sí son imposibles de borrar de la memoria.

En sus propias palabras Don Manuel diría: «Los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en ellas no se varía jamás su ocupación; no se trata de otra cosa que de enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al día, que hacen a los niños detestable la memoria de la escuela, que a no ser alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente educación!».

Tal era uno de los conceptos de tantísimos otros de una mente preclara nacida en siglo XVIII que no sólo se destacó en la milicia (que a la vez era muy lejana a verdadero ser) sino en la economía, el periodismo, siendo  impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social.

Fte: Ministerio de Cultura de la Nación

Pasión por las ideas

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació un 3 de junio de 1770 en una casona familiar, a pocos metros del convento de Santo Domingo, donde también falleció. Fue el cuarto hijo de trece hermanos. Su madre, Josefa González Caseros, era criolla y su padre, Domingo Belgrano y Peri, un comerciante italiano emigrado a Cádiz y luego a América, quien gracias a su trabajo contó con una acomodada posición que le permitió darles la mejor educación a sus hijos.

Manuel estudió primeramente en el Real Colegio de San Carlos (antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires). Entre 1786 y 1793 estudió Derecho en las universidades españolas de Salamanca y Valladolid, donde se graduó con medalla de oro a los 18 años de edad, dedicando especial atención a la economía política.

Su fervor por la política y el conocimiento, tuvo que ser conjugada con la carrera militar; más por una obligación moral que por una real vocación. Su comienzo en la milicia se produjo en 1806 durante las invasiones inglesas defendiendo la ciudad de los usurpadores.

Tan sólo a los 24 años fue nombrado Secretario «Perpetuo» del Consulado de Comercio de Buenos Aires . Ejerció ese cargo hasta poco antes de la Revolución de Mayo, en 1810. En dicho puesto se ocupaba de la administración de justicia en pleitos mercantiles y fomentar la agricultura, la industria y el comercio. Al no tener libertad para realizar grandes modificaciones en otras áreas de la economía, concentró gran parte de sus esfuerzos en impulsar la educación.

Propuso la creación de siete tipos de establecimientos educativos, algunos con éxito, a saber: una Escuela de Comercio; la Escuela de Náutica (creada en 1799); la Academia de Geometría y Dibujo (creada en 1799); escuelas agrícolas; de hilanzas de lana y de algodón; enseñanza primaria, gratuita y obligatoria en todo el reino; y fundamentalmente escuelas para mujeres.

Según sus palabras, que “la mujer es la que forma en sus hijos el espíritu del futuro ciudadano”;  de manera que una mujer ignorante es una mala generadora de ciudadanos”. «se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, coser, bordar, etc., y principalmente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres».

Aires de Revolución

A principios de mayo de 1810 fue uno de los principales dirigentes de la insurrección que se transformó en la Revolución de Mayo. En ésta su papel fue central, tanto personalmente como en su papel de jefe del carlotismo (proponiendo a la infanta Carlota Joaquina hermana del rey preso en Francia Fernando VII).

Pensaba que esto sería positivo para el Virreinato del Río de la Plata, dadas las circunstancias de España frente al poder de José Bonaparte.[] Su idea era ganar más autonomía, y tal vez la independencia, a través de la figura de la Infanta, hecho que nunca fue posible.

Participó en el cabildo abierto del 22 de mayo y votó por el reemplazo del Virrey por una Junta, que fue la propuesta vencedora. El 25 de mayo fue elegido vocal de la Primera Junta de Gobierno, embrión de un gobierno argentino, junto con otros dos carlotistas: Castelli y Paso.

La Primera Junta, recién asumida, decidió enviar expediciones para extender la Revolución a todo el

Virreinato. En septiembre de 1810 la Junta le encomendó La expedición de Paraguay.

En sus campañas militares llamó la atención su frugalidad y su modo de vida equiparable al de un soldado raso, ganándose la admiración y el respeto de soldados y oficiales con quienes compartía armas.

En su transcurso de la Campaña del Paraguay crea la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte, Al observar que era imposible resistir el avance realista, encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño (emprendiendo la retirada de los habitantes de Jujuy y de Salta que abandonaron sus hogares y arrasando todo a su paso, dejando a los realistas sin víveres para la tropa). Desobedeciendo las órdenes del gobierno que le indicaba ir a Córdoba se quedó en Tucumán. Logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego vendrán las derrotas de Vicapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14 -11-1813) y su retiro del ejército del Norte.

El objetivo de la Campaña del Paraguay fue más político que militar: la intención de Belgrano era difundir entre los paraguayos el ideario de la Revolución de Mayo. De paso al Paraguay, legalizó y dio un carácter urbano, con planificación de ejidos, a Mandisoví y Curuzú Cuatiá.

En enero de 1814 se encontró con San Martín en Salta y entregó el mando del ejército en Tucumán, quedando a cargo del regimiento Nº 1 con el grado de coronel.

Pese a encontrarse con un ejército material y anímicamente diezmado, San Martín reconoció en todo momento la gran labor libertadora desempeñada por Belgrano al frente de las terribles campañas del Alto Perú, profesándole en todo momento un gran respeto y admiración.

El 30 de enero de 1814 el gobierno lo separó del ejército del Norte y viajó a Buenos Aires. Allí lo arrestaron y lo procesaron, sin embargo sus oficiales manifestaron en un documento no tener quejas y defendieron su sacrificio patriótico y heroico valor.

Finalmente, el gobierno resolvió absolverlo y emitir el veredicto en la Gazeta de Buenos Ayres:[]…»se declara que el general don Manuel Belgrano se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y consistencia digno del reconocimiento de la patria…»

Una independencia en desunión

Belgrano participó activamente en el Congreso de Tucumán, fiel a sus ideas de lograr una monarquía constitucional y después de haberse topado con la realidad en su misión diplomática en Europa, propuso no buscar príncipes europeos y en sesión secreta admitió la idea de buscar un descendiente inca, según esos proyectos el título correspondería a Juan Bautista Condorcanqui Túpac Amaru, único hermano sobreviviente conocido de Túpac Amaru II, y un gobierno efectivo de tipo parlamentario, con el objeto de lograr el pronto reconocimiento a nivel internacional de la independencia argentina.

 Esta propuesta fue ridiculizada por sus contemporáneos. Sin embargo, habría obedecido a un inteligente cálculo por parte de Belgrano: la oferta de la corona a los Incas buscaba atraer la adhesión de las poblaciones de las actuales zonas andinas de Bolivia, Perú y Ecuador al movimiento emancipatorio que se gestaba desde Argentina.

Fue, con San Martín y Bernardo de Monteagudo, uno de los principales promotores de la declaración definitiva de la independencia argentina en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

En agosto de 1816 se hizo cargo nuevamente del Ejército del Norte; pasando los años subsiguientes con órdenes de replegar a los caudillos insurgentes de las provincias.

Si bien no combatió personalmente a los federales, continuamente se quejaba al gobierno de la inutilidad de esa guerra, advirtiendo a las autoridades establecidas en Buenos Aires que la población de las provincias estaba descontenta del centralismo:

«Hay mucha equivocación en los conceptos: no existe tal facilidad de concluir esta guerra; si los autores de ella no quieren concluirla, no se acabará jamás… El ejército que mando no puede acabarla, es un imposible. Su único fin debe ser por un avenimiento… o veremos transformarse el país en puros salvajes…»

A mediados de 1819, cuando estaba ya muy enfermo, el general Rondeau, nuevo Director Supremo, ordenó que el Ejército del Norte y el de Los Andes abandonaran la lucha contra los realistas para aplastar las rebeldías provinciales. San Martín sencillamente ignoró la orden, mientras Belgrano obedeció a medias: ordenó a sus tropas iniciar la marcha hacia el sur, pero pidió licencia por enfermedad y delegó el mando en su segundo, Francisco Fernández de la Cruz.

Por qué Manuel Belgrano creó la bandera argentina - Diario Que!

Se refugió en Tucumán donde fue apresado posteriormente, pero fue liberado por razones de salud y retornó a Buenos Aires

La muerte entre la indigencia y la tristeza

Uno de los principales valores de Belgrano era el de la unión de los pueblos “…basta la desunión para originar guerras civiles, para dar entrada al enemigo por débil que sea, para arruinar el imperio más floreciente”. Y esto era lo que ocurría en el Río de la Plata y el gran dolor con el que tuvo que convivir en sus últimos días.

El 22 de abril de 1819 el Congreso de las Provincias Unidas, que en 1816 proclamó la independencia,

promulgó en Buenos Aires la primera Constitución argentina, que sería jurada el 25 de mayo siguiente.

De carácter unitario, la Constitución despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía y aceleró el surgimiento de un grupo heterogéneo de caudillos, que se transformó en el sostén de las ideas republicanas y federales enfrentadas a los intereses porteños.

Belgrano fue el primero que juró la nueva Constitución al frente de su ejército. Luego que hubo cumplido con este deber, decía, hablando con uno de sus jefes: “Esta Constitución y la forma de gobierno adoptada por ella, no es en mi opinión la que conviene al país; pero habiéndola sancionado el Soberano Congreso Constituyente, seré el primero en obedecerla y hacerla obedecer”. Y fijando su vista en el blasón argentino que tenía delante de sí, expresaba pintorescamente su idea con estas palabras: “No me gusta ese gorro y esa lanza en nuestro escudo de armas: quisiera ver un cetro entre esas manos que son el símbolo de la unión de nuestras provincias”

Peleas interminables entre los intereses centralistas desmesurados y los caudillos provinciales que defendían lo que creían era justo para sus lugares llevaron a lo que se conoce como anarquía del año 20.

Ya sin fuerzas y muy enfermo, habiéndose retirado del ejército, pasó sus días postreros en la casa que lo vio nacer, junto al cuidado y cariño de sus hermanos, y la visita de los pocos amigos que se acordaban de él.

Colmado de deudas, el hombre que nació rico y perdió todo por entregarse a la patria, desde sus recursos hasta la posibilidad de tener una familia, pidió unos días antes de su muerte, un adelanto de lo que le correspondía de sus haberes a los administradores de turno, siendo éste negado, así murió a los 50 años en la pobreza extrema y en la vergüenza que ella le provocaba, un 20 de junio de 1820, día en el que Buenos Aires tuvo tres gobernadores.

Había redactado y firmado su testamento veinticinco días antes de morir, el mismo en que se cumplía la primera década de la Revolución. En él encargaba a su hermano, el canónigo, del cuidado de “sus escuelas”.

La salud de Manuel Belgrano y sus últimos días - Infobae

En secreto, encomendó al mismo que, una vez pagadas todas sus deudas, aplicara el sobrante al cuidado y educación de la hija que dejaba en Tucumán, Manuela Mónica.

Regaló su reloj de oro al doctor Redhead: “Es todo cuanto tengo que dar a este hombre bueno y generoso”.

En el 2007 fue robado del Museo Histórico Nacional el reloj de oro que había pertenecido al General Manuel Belgrano. Los ladrones fueron atrapados y encarcelados pero el reloj no fue recuperado hasta el día de hoy.

El 19  de junio dio un beso a su hermana Juana, para pagarle sus amorosos desvelos, y en la mañana del otro día, a las siete, expiró suspirando:

-¡Ay, Patria mía!…

Hecha la autopsia de su cadáver, se comprobó con asombro que “el corazón era más grande que el del común de los mortales”, lo que debía ser uno de los efectos de su enfermedad, más que un signo físico, una metáfora más que aplicable a lo que fue la vida de este gran prócer. Feliz día de la Bandera en su nombre!!!

Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Belgrano redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que, por ejemplo dice, en su artículo primero que el maestro de escuela debe ser bien remunerado, por ser su tarea de las más importantes de lasque se puedan ejercer. Pero lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron y Belgrano murió en la pobreza total.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ciudad Revista digital

Mendoza
Llovizna ligera
08:3818:42 -03
Ir arriba